UN PUÑADO DE EMPATÍA

“Un café con leche, una madalena y un puñado de empatía, por favor”, es lo que mi tío Olavo solía decir cuando quería terminar una discusión, promover el entendimiento, relativizar diferencias.

Hay quien piense que la empatía es un accesorio de lujo, como un bolso de Louis Vuitton, o una corbata de Hermès. Pero no lo es.

La empatía es un bien de primera necesidad. Empatía es el aire social, el tejido que mantiene una comunidad unidad.

Empatía es verse en el otro, ponerse en su piel. Y eso está totalmente relacionado con nuestro trabajo de comunicadores, de storytellers.

Las historias son talladas para que sintamos empatía con determinados personajes. Vemos en ellos cualidades y defectos que también son nuestros. Las diseñamos para que los personajes sean exitosos en sus batallas, que alcancen sus deseos, perdonamos sus fallos.

Las redes sociales y los algoritmos están confundiendo todo esto. Ya no necesitamos buscar en el otro, en quien es diferente, puentes de entendimiento. La máquina lo resuelve por nosotros. Y nos quedamos conversando en circuito cerrado.

Ese mecanismo de identificación automática no puede confundirse con la empatía.

Curiosamente me enviaron un texto muy antiguo de Milan Kundera, que, de cierto modo, aborda este problema tan contemporáneo.

Escribe Kundera: “Hay una relación humana para la cual, en checo, existe la palabra “soudruzstvi”, algo así como la “amistad de los camaradas”, la simpatía que une a aquellos que sustentan la misma lucha política. Cuando la devoción común a la causa desaparece, la razón de la simpatía también desaparece”. ¿Será eso amistad?

La respuesta es no. Mil veces no.

Un mundo más empático sería un mundo más feliz, solidario y virtuoso.

Ser empático es sentir juntos, vivir juntos, sufrir juntos, conmemorar juntos.

En fin, y nosotros juntos, nunca separados.

¿Vamos a vivir 2019 de manera más empática?

Al final, la empatía es casi amor.

 

Edson Athayde